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Menos de 1 año

Rutinas de sueño del bebé en el primer año: lo que de verdad ayuda

Si el sueño de tu bebé te parece impredecible, no estás haciendo nada mal. Los bebés de menos de un año no están preparados para dormir como los adultos, y la mayoría de las familias pasan el primer año adaptándose a un patrón que no deja de cambiar. La buena noticia es que unos pocos hábitos constantes marcan una diferencia real, tanto en lo fácil que se calma tu bebé como en cuánto descansas tú.

Por qué ocurre a esta edad

Los recién nacidos duermen en tramos cortos a lo largo del día y de la noche porque su estómago es pequeño y su reloj interno aún no está ajustado. El ritmo que nos dice cuándo es de noche y cuándo es de día empieza a organizarse hacia las 8 a 12 semanas, y se desarrolla poco a poco a partir de ahí. Alrededor de los 4 meses cambia el propio sueño: el bebé empieza a pasar por fases más ligeras y más profundas como los niños mayores, y por eso muchas familias notan más despertares en ese momento aunque antes se calmara bien. Es una señal de maduración, no un paso atrás.

Despertarse por la noche sigue siendo normal mucho después de los seis meses. Muchos bebés todavía necesitan una o más tomas nocturnas en la segunda mitad del primer año, y los despertares breves entre ciclos de sueño son universales. Lo que cambia a lo largo del año no es si tu bebé se despierta, sino lo fácil que le resulta volver a dormirse.

Qué ayuda

Mantén una rutina de acostarse corta y predecible. Los mismos tres o cuatro pasos en el mismo orden, cada noche, se convierten en una señal de que llega el sueño. No hace falta que sea larga: un baño templado o un aseo rápido, una toma, un cuento corto o una canción tranquila, y a su espacio de sueño. Con veinte o treinta minutos basta. Si cada noche dices la misma frase al acostarle, por ejemplo "Buenas noches, a dormir", esa frase empieza a hacer parte del trabajo por ti.

Haz que el día sea luminoso y la noche aburrida. Durante el día, abre las cortinas, habla y juega, y deja que siga el ruido normal de la casa. Por la noche, mantén la luz baja, habla en voz suave y haz que las tomas y los cambios de pañal sean lo más anodinos posible. Este contraste es una de las principales formas en que el reloj interno del bebé aprende la diferencia.

Fíjate en los signos de cansancio y en el tiempo entre sueños. Un bebé demasiado cansado se calma peor, no mejor. En los primeros meses, muchos bebés solo aguantan entre una hora y hora y media despiertos antes de necesitar dormir otra vez; al final del primer año ese tiempo se alarga a tres o cuatro horas. Frotarse los ojos, mirar al vacío, girar la cara y un llanto quejoso particular son señales tempranas habituales. Empezar a calmarle cuando las ves por primera vez suele ser más fácil que esperar al llanto fuerte.

Prueba a acostarle adormilado pero todavía despierto. A partir de unos pocos meses, un bebé que se duerme en el mismo sitio donde se despertará aprende a reconocer ese lugar como seguro. Si tu bebé está acostumbrado a dormirse en tus brazos o mientras come, puedes hacer el cambio poco a poco: déjale en la cuna un poco más despierto cada noche durante una o dos semanas, y quédate cerca con la mano sobre su pecho o un "sh, sh" suave si protesta. Algunas noches no funcionará, y no pasa nada.

Mantén el mismo espacio de sueño para siestas y noches siempre que puedas. Una cuna o un moisés conocidos, la misma habitación en penumbra y el mismo ruido blanco o silencio ayudan a formar asociaciones con el sueño. Las siestas en el cochecito o en el coche son parte normal de la vida familiar y no deshacen nada de esto.

Cuida también tu propio sueño. Túrnate con tu pareja o con otro adulto si es posible, duerme cuando duerma el bebé al menos algunas veces y acepta ayuda con todo lo que no sea alimentarle o calmarle. Un padre o una madre descansados calman al bebé con más serenidad, y el bebé lo nota.

Sueño seguro, en cada sueño

Sea cual sea la rutina que crees, lo más importante es el propio espacio de sueño. Estas recomendaciones las comparten las sociedades de pediatría de todo el mundo:

Qué evitar

Acudir corriendo al primer ruido. Los bebés hacen mucho ruido al dormir. Gruñidos, suspiros y quejidos cortos suelen pasar solos. Esperar un momento para ver si de verdad está despierto le da la oportunidad de volver a dormirse y evita despertar a un bebé que solo estaba pasando de un ciclo de sueño a otro.

Crear una rutina que dependa de algo que no siempre puedes dar. Si la única forma de que tu bebé se duerma es un largo paseo en coche o cuarenta minutos de mecerle, cada noche se convierte en un espectáculo. Busca pasos que puedas repetir un martes agotador igual que un fin de semana tranquilo.

Esperar que la rutina lo arregle todo de golpe. Los dientes, las enfermedades, un estirón, aprender a darse la vuelta o a gatear, y simplemente tener cuatro meses alteran el sueño. Una buena rutina no evita todo esto; te da algo estable a lo que volver cuando pase.

Comparar a tu bebé con otros. El rango de lo normal es amplio. Algunos bebés duermen tramos de seis horas a los tres meses; otros siguen despertándose varias veces a los diez meses, y ambos pueden estar perfectamente sanos.

Cuándo buscar ayuda

Habla con tu pediatra, tu enfermera de pediatría o tu médico de familia si:

Si quieres probar un método más estructurado para calmarle por la noche cuando tenga más de unos seis meses, coméntalo antes con tu profesional sanitario y elige un método con el que te sientas cómodo o cómoda para mantenerlo de forma constante.

Fuentes

Esta guía es información general y no sustituye el consejo médico o psicológico. Si te preocupa tu hijo o hija, consulta con un profesional sanitario.