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Menos de 1 año

Alimentar a tu bebé en el primer año: de la leche a la mesa familiar

La alimentación ocupa buena parte del primer año, y casi nunca sale según lo previsto: una semana tu bebé quiere comer cada hora, la siguiente rechaza el biberón, y justo cuando la leche parece encarrilada llega el momento de pensar en los sólidos. Nada de esto significa que lo estés haciendo mal. El objetivo no es la perfección, sino un bebé que crece, está a gusto y aprende poco a poco a comer.

Por qué ocurre a esta edad

El estómago de un recién nacido es diminuto y la leche se digiere rápido, así que entre ocho y doce tomas en veinticuatro horas es normal en las primeras semanas, a menudo concentradas por la tarde. Los estirones, habituales hacia las dos o tres semanas, las seis semanas y los tres meses, traen uno o dos días de tomas casi continuas; en un bebé amamantado así es como la producción aumenta para ajustarse a la demanda, y pasa.

Hacia los cuatro meses, los bebés se dan mucho más cuenta de lo que les rodea, así que las tomas se vuelven más cortas y distraídas: tu bebé simplemente ha descubierto la habitación. Hacia los seis meses, la leche sola ya no cubre sus necesidades de hierro, y han madurado las habilidades físicas para comer, como sentarse con apoyo y llevar la comida hacia el fondo de la boca. Los sólidos empiezan ahora no porque la leche deje de importar, sino porque el cuerpo está preparado para algo más.

Durante la segunda mitad del año, los dientes, los resfriados y avances como el gateo interrumpen el apetito. La leche, materna o de fórmula, sigue siendo la principal fuente de nutrición hasta el primer cumpleaños; los sólidos desarrollan habilidades y aportan hierro y variedad junto a ella.

Qué ayuda

Aliméntale según sus señales y no según el reloj. Las primeras señales de hambre son moverse, girar la cabeza con la boca abierta y chuparse las manos. El llanto es una señal tardía, y un bebé desesperado come peor. La saciedad se ve cuando va más despacio, suelta el pezón o la tetina, relaja las manos y gira la cara. Si tu bebé de dos meses empuja el biberón con 30 ml todavía dentro, esa toma ha terminado. Un bebé que moja unos seis pañales bien cargados al día desde el final de la primera semana y gana peso está comiendo suficiente.

Pecho, biberón o ambos: alimenta de forma receptiva. Si das el pecho, ofrécelo siempre que muestre señales y deja que termine el primero antes de ofrecer el segundo. Si das biberón, sostén a tu bebé bastante erguido, mantén el biberón más o menos horizontal para que la leche salga despacio y haz pausas cada minuto aproximadamente para que decida si quiere seguir. Nunca apoyes el biberón en algo ni le dejes comiendo solo. Si usas fórmula, prepara cada toma en el momento siguiendo las instrucciones del envase y desecha lo que sobre una hora después de empezar la toma.

Cuenta con las tomas agrupadas y los estirones, y prepárate para ellos. Si tu bebé de tres semanas ha comido seis veces desde la cena, es una racha de tomas agrupadas, no un problema de producción. Busca un sitio cómodo, ten agua y algo de picar a mano y deja que la tarde sea para alimentarle. Los estirones suelen pasar en dos o tres días; si las tomas continuas siguen más allá y moja menos pañales, pide a tu matrona, enfermera de pediatría o asesora de lactancia que revise el agarre o la cantidad que le ofreces.

Empieza con los sólidos hacia los seis meses, cuando veas las tres señales de que está preparado. Se sienta con apoyo y sostiene bien la cabeza, coge cosas y se las lleva a la boca, y traga la comida en lugar de empujarla hacia fuera con la lengua. Morderse los puños, despertarse más por la noche o pedir más leche es normal a los cuatro meses y no son señales de preparación por sí solas. No empieces antes de las 17 semanas. Empieza con una o dos cucharadas una vez al día, cuando no tenga mucha hambre ni esté cansado, por ejemplo un puré de zanahoria cocida a media mañana o un ramito blando de brócoli al vapor, y ve aumentando hasta tres comidas pequeñas hacia los ocho o nueve meses.

Da prioridad a los alimentos ricos en hierro y avanza rápido con las texturas. Desde el principio, incluye alimentos como carne picada o desmenuzada bien cocida, lentejas o alubias trituradas, huevo, pescado desmigado y cereales infantiles enriquecidos con hierro, junto con verduras y fruta. Pasa de purés lisos a chafados y luego a texturas con grumos en pocas semanas, y ofrece pronto trocitos blandos: un palito de plátano maduro o pasta bien cocida le permiten practicar la masticación. Los bebés que siguen solo con purés lisos pasados los nueve meses suelen aceptar peor los grumos después. Las arcadas son frecuentes y protectoras; asustan, pero no son lo mismo que atragantarse, que suele ser silencioso.

Introduce pronto los alérgenos habituales, de uno en uno, y mantenlos en su dieta. Cuando ya tome algunos primeros alimentos, ofrece pequeñas cantidades de huevo bien cocido, crema de cacahuete lisa mezclada en papilla, leche de vaca en alimentos cocinados, trigo, pescado, sésamo y soja. Prueba un alérgeno nuevo cada vez, por la mañana para poder observar si hay reacción durante el día, y después sigue ofreciéndolo con regularidad. Si tu bebé tiene un eccema importante o ya tiene una alergia alimentaria, habla con tu pediatra antes de empezar sobre cómo y cuándo introducir estos alimentos.

Ten en cuenta la vitamina D. La mayoría de las recomendaciones nacionales aconsejan un suplemento diario de vitamina D para los bebés amamantados desde el nacimiento, porque la leche materna contiene muy poca. La fórmula ya viene enriquecida, así que los bebés que toman la cantidad completa de fórmula normalmente no lo necesitan. Tu pediatra, tu enfermera de pediatría o tu farmacéutico pueden decirte la dosis recomendada en tu país.

Qué evitar

Presionar a tu bebé para que termine la toma o el plato. Insistir, distraerle con pantallas o volver a acercarle una y otra vez la cuchara que rechaza le enseña a ignorar su propia saciedad. Ofrece, deja que marque el ritmo y termina la comida con calma cuando gire la cara; el apetito varía mucho de un día a otro.

Miel, leche de vaca como bebida y sal o azúcar añadidos antes del año. La miel puede contener esporas que causan botulismo infantil, así que no es segura hasta después del primer cumpleaños, ni siquiera en alimentos cocinados. La leche de vaca está bien para cocinar desde los seis meses, pero como bebida principal tiene poco hierro y demasiada proteína y sal para los riñones de un bebé. Los bebés no necesitan sal ni azúcar añadidos, zumos ni bebidas azucaradas.

Riesgos de atragantamiento. Corta en cuartos las uvas, los tomates cherry y los arándanos; cuece las verduras duras y la manzana hasta que estén blandas; no le des frutos secos enteros, palomitas, caramelos duros, rodajas de salchicha ni pegotes de crema de frutos secos. Tu bebé debe comer siempre sentado y erguido, nunca en la silla del coche, en la hamaca ni tumbado, y siempre con un adulto vigilando.

Interpretar el rechazo como que no le gusta. Muchos bebés necesitan probar un alimento diez veces o más antes de aceptarlo. Una mueca ante las espinacas la primera vez es una reacción a la novedad, no un veredicto. Sigue ofreciéndolas, sin presión, junto a algo conocido.

Cuándo buscar ayuda

Contacta pronto con tu pediatra, tu médico de familia o tu enfermera de pediatría si:

Llama a emergencias de inmediato si a tu bebé le cuesta respirar, se le hinchan la cara o la lengua, se queda flojo o pálido, o se está atragantando y no puede toser ni llorar.

Fuentes

Esta guía es información general y no sustituye el consejo médico o psicológico. Si te preocupa tu hijo o hija, consulta con un profesional sanitario.