Si tu hijo de ocho, nueve o diez años ha empezado a llamarse tonto después de una sola respuesta equivocada, a medirse con el mejor futbolista de la clase o a preguntarte si está gordo, estás viendo cómo la autoestima se convierte en una fuerza real en su vida. Inquieta oír palabras tan duras en boca de un niño que hace un año parecía siempre contento. También es una etapa normal, y los hábitos que construyas ahora suelen durar hasta la adolescencia.
Por qué ocurre a esta edad
A los seis o siete años la comparación era a grandes rasgos: alguien corre más, alguien lee libros más difíciles. Entre los ocho y los diez se vuelve precisa. Ahora conocen los grupos de lectura y los niveles de matemáticas, a quién eligen primero para los equipos y a quién invitan a los cumpleaños, y se colocan en cada escalera con una precisión incómoda. A esta edad la autoestima se vuelve más estable y, a la vez, más específica de cada área: el niño ya no se siente simplemente bien o mal consigo mismo, sino "bueno en mates, malo en fútbol, normal dibujando, no muy popular". Cuánto le duele cada veredicto depende de cuánto valoren esa área él y las personas de su entorno.
La pertenencia importa más que antes. Los grupos de amigos se forman, cambian y excluyen, y quedarse fuera de un juego o de un grupo de chat puede vivirse como un juicio sobre toda su persona. Los niños también se vuelven muy conscientes de que los observan: los docentes que corrigen, los entrenadores que eligen equipos y, sobre todo, los compañeros, que se fijan en todo. Un niño que a los siete años cantaba encantado delante de la familia puede negarse a los nueve porque "todos me van a mirar".
En algunos niños, sobre todo en las niñas, la pubertad empieza en esta etapa y trae una nueva conciencia de la estatura, el peso, la piel y el pelo. Los comentarios sobre el aspecto, de amigos, familiares o del propio espejo, empiezan a calar. Muchos niños de esta edad empiezan además a ver imágenes y vídeos cuidadosamente seleccionados: caras con filtros, cuerpos retocados, los mejores momentos de otros niños con sus logros y sus cosas. Tienen edad para compararse, pero todavía no para entender que lo que ven está elegido y preparado.
Qué ayuda
Ayúdale a descubrir, y a nombrar, aquello en lo que es bueno de verdad. A esta edad la autoestima se construye con pruebas, área por área. Sentaos juntos y haced una lista de lo que tu hijo sabe hacer bien de verdad, incluidas cosas que el colegio no evalúa: hacer reír a sus primos pequeños, saberse todos los dinosaurios, ser el amigo al que le cuentan los secretos, arreglar la cadena de la bici. Después ayúdale a elegir una actividad en la que quiera mejorar a lo largo de los meses, ya sea escalada, ajedrez, guitarra o programación, y que mida su avance frente a sí mismo. "En marzo no te salía ese acorde" vale más que cualquier comparación con un compañero.
Elogia la estrategia, el esfuerzo y el carácter, no los resultados ni el aspecto. Elogiar que es listo o que tiene talento le dice que la capacidad es fija; la primera tarea difícil se convierte entonces en la prueba de que no la tiene. Elogiar cómo ha hecho algo le dice qué repetir. "Volviste a revisar las operaciones antes de entregarlo." "Seguiste pasando el balón aunque tu equipo perdía por tres goles." "Te diste cuenta de que estaba sola y fuiste a su lado." Deja el aspecto fuera de los elogios por la misma razón: ata su valor a algo que no controla.
Normaliza la sensación de fracasar, en voz alta y a menudo. A esta edad los niños dan por hecho que quien es bueno en algo siempre lo fue. Dilo claramente: "Todo el que es bueno en esto fue malo al principio", y cuéntale tus propios primeros intentos desastrosos. Cuando esté disgustado tras un mal resultado, nombra la emoción antes de la solución: "Esa sensación de hundimiento después de un examen es horrible. Se pasa, y no significa lo que tú crees".
Escucha lo que se dice a sí mismo antes de contradecirle. Cuando tu hijo dice "No valgo para nada", el instinto es un rápido "¡Claro que sí!". Rara vez ayuda, porque cierra la conversación y le dice que lo que sentía estaba mal. Prueba con "Qué cosa tan horrible de sentir. ¿Qué ha pasado?" y deja que te lo cuente. Cuando se sienta escuchado, pregúntale: "¿Qué le dirías a un amigo que dijera eso de sí mismo?". Los niños de nueve años son asombrosamente amables con sus amigos y asombrosamente duros consigo mismos, y la pregunta les deja oír la diferencia. Después ofrécele una versión más suave y más cierta: "Hoy te han costado las fracciones. Eso no es lo mismo que no valer para nada".
Muestra autocompasión donde pueda oírte. Tu hijo aprende qué hacer con un error viéndote cometer uno. "Se me ha olvidado por completo la cita del dentista. Qué rabia. Les llamo, tiene arreglo." Esto se aplica con especial fuerza a tu cuerpo: un padre o una madre que suspira frente al espejo, se llama gordo o anuncia una dieta está dando una lección sobre los cuerpos que ninguna cantidad de ánimos al niño podrá deshacer.
Protege la pertenencia. Asegúrate de que cada semana incluya tiempo real con amigos, a ser posible sin estructurar, y mantén fijo al menos un ritual familiar: una peli el viernes, un paseo el domingo, un juego después de cenar. Dale en casa una aportación que importe y sea suya: cocinar una comida a la semana, dar de comer al perro, encargarse del reciclaje. Que te necesiten las personas a las que quieres es una de las fuentes de valía más estables que existen.
Habla de los cuerpos de forma neutra, no moralices la comida y mira pantallas con él. Habla de los cuerpos en términos de lo que hacen, no de cómo se ven: "Tus piernas te han subido toda esa cuesta". Evita las comidas "buenas" y "malas", el "portarse bien" en la mesa y los caprichos que hay que ganarse. Si ve vídeos o pasa imágenes, siéntate a su lado de vez en cuando y haz preguntas en vez de sermonear: "¿Crees que así es como está cuando se levanta?" "¿Por qué crees que solo publican cuando ganan?". Limita cuando puedas el contenido que invita a compararse, y fíjate en cómo le deja el ánimo después.
Qué evitar
El elogio vacío. "¡Increíble!" después de todo se convierte en ruido, y a esta edad los niños saben cuándo un trabajo no fue lo mejor que podían hacer.
Compararle con hermanos, compañeros o contigo a su edad, aunque sea para bien. Cada comparación confirma que el valor es una clasificación, y siempre hay alguien más arriba en la escalera.
Criticar a la persona en vez de la acción. "Eres un vago" se queda; "Los deberes no se han hecho, ¿qué se ha interpuesto?" es algo con lo que puede hacer algo.
Llenarle la agenda de rendimiento. Tres extraescolares, exámenes de nivel y un torneo cada fin de semana convierten la infancia en una serie de juicios. Una o dos actividades elegidas, con mucho tiempo sin medir, protegen mejor la autoestima.
Comentar el peso o el aspecto, el suyo o el tuyo. Hasta "esto ya se te ha quedado pequeño" o "tengo que perder unos kilos" le llega. Si te preocupa su crecimiento o su alimentación, habla con su pediatra, no con tu hijo.
Arreglar cada tropiezo. Escribir a la maestra por una nota, rehacer el proyecto de ciencias, llamar a la familia del amigo para resolver la discusión: cada rescate le dice que no creías que pudiera con ello, y le quita la prueba de que sí podía.
Cuándo pedir ayuda
Los días malos y las semanas difíciles forman parte de crecer. Habla con tu médico de familia, el colegio o un psicólogo infantil si:
- frases como "no valgo para nada", "todos me odian" o "nada de lo que hago importa" son persistentes y duran varias semanas, no una mala tarde;
- se aparta de los amigos o deja actividades que antes le encantaban;
- el sueño, la alimentación o el estado de ánimo cambian de forma marcada, por ejemplo llora o se irrita más que antes, o come mucho más o mucho menos de lo habitual;
- empieza a negarse a ir al colegio o está angustiado una y otra vez las mañanas de clase;
- hay cualquier autolesión o cualquier comentario sobre no querer vivir. Tómatelo en serio siempre y contacta enseguida con un profesional; si te preocupa su seguridad inmediata, llama a los servicios de emergencia de tu zona.
Fuentes
- Academia Americana de Pediatría (HealthyChildren.org), "Cómo ayudar a su hijo a desarrollar una autoestima sana"
- Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), "Consejos para la crianza positiva: niños de 9 a 11 años"
- Mueller, C. M. y Dweck, C. S., "Praise for Intelligence Can Undermine Children's Motivation and Performance", Journal of Personality and Social Psychology, 1998
- NHS Every Mind Matters, "Salud mental infantil"