Si tu hijo de dos años juega feliz al lado de otro niño pero no con él, se pega a tu pierna en el grupo de juego o arrebata cada juguete que le llama la atención, estás viendo un desarrollo normal, no a un niño problemático. Entre los dos y los tres años, los niños apenas empiezan a darse cuenta de que los demás también quieren cosas, y su capacidad de esperar, pedir y turnarse todavía se está construyendo. Lo que hagas en estos años influye en cómo avanza esa construcción.
Por qué ocurre a esta edad
A los dos años, la mayoría de los niños juega al lado de otros niños más que con ellos. Observan, imitan y disfrutan de la compañía, pero cada uno lleva su propio juego. Es el juego paralelo, y suele ser la forma principal de juego hasta más o menos los dos años y medio, cuando empiezan a aparecer breves momentos de juego compartido. A los tres, muchos niños se fijan en otros niños y se acercan a jugar con ellos, pero el juego conjunto sigue siendo corto y se descarrila con facilidad.
Compartir sigue la misma curva lenta. Para compartir, un niño tiene que entender que el otro quiere el juguete, sostener esa idea mientras siente sus propias ganas y luego actuar en contra de su impulso. Cada uno de esos pasos es una habilidad que madura aproximadamente entre los tres y los cuatro años. Un niño de dos años que arrebata no es egoísta; tiene dos años. Turnarse, cuando el juguete vuelve, se aprende antes que renunciar a algo, y por eso es el mejor punto de partida.
El lenguaje y el control de los impulsos también se están poniendo al día. Un niño que todavía no sabe decir "¿Me lo prestas cuando termines?" alargará la mano. Un niño que siente una ola de frustración no tiene freno que aplicar. La mayoría de los arrebatos, empujones y chillidos a esta edad son falta de herramientas, no falta de bondad.
Por último, el temperamento cuenta. Algunos niños entran en una sala nueva y se ponen a jugar; otros necesitan diez o veinte minutos observando desde un lugar seguro antes de sumarse. Este patrón de tardar en soltarse es una forma estable y sana de ser, no una timidez que haya que curar. Lo que necesitan esos niños es tiempo y una persona conocida cerca, y normalmente lo logran.
Qué ayuda
Encuentros de juego pequeños, cortos y regulares. Un solo niño conocido, unos cuarenta y cinco minutos, una o dos veces por semana, le da a tu hijo la oportunidad de aprender el ritmo de otra persona. Saca dos unidades de los juguetes más deseados y algunas cosas que funcionan mejor entre dos, como una pelota o una cocinita. Termina mientras todavía va bien. Una visita corta que acaba con un adiós con la mano enseña más que una larga que acaba en llanto.
Guíalo en el momento. Quédate lo bastante cerca como para intervenir con palabras antes de que actúen las manos. Cuando tu hijo alargue la mano hacia un juguete que otro niño está usando, nombra lo que pasa y dale la frase: "Beto está usando la excavadora. Puedes decir '¿Me la prestas en un ratito?'" Si el arrebato ya ocurrió, sé sencillo y directo: "Beto la estaba usando. Devuélvesela, y luego te toca a ti." Y asegúrate de que el turno llegue de verdad, para que esperar valga la pena.
Practiquen turnos en casa con un temporizador. Elige un juguete y túrnate con él tú mismo, dos minutos cada uno, con un temporizador de cocina o lo que dura una canción corta. Digan "me toca, te toca" al cambiar. El temporizador decide, así que el final del turno es previsible y no una pérdida, y tu hijo aprende que el juguete vuelve. Cuando funcione contigo, pruébalo con un hermano o con un amigo que venga a jugar.
Prepara poco a poco la llegada a un lugar nuevo. Antes del primer día en la guardería o el preescolar, vayan juntos una o dos veces para que la sala, los baños y el personal le resulten familiares. Explícale lo que va a pasar en términos sencillos y concretos: "Vas a colgar tu abrigo en el perchero, jugar, merendar, y después del cuento vuelvo a buscarte." Pide un periodo de adaptación con sesiones cortas que se alarguen a lo largo de una o dos semanas. Despídete cada vez de forma clara y cariñosa en lugar de escabullirte, porque a un niño que no está seguro de si te fuiste le cuesta más relajarse.
Deja que el niño que tarda en soltarse observe primero, y luego sé el puente. Siéntate con tu hijo al borde del juego y cuéntale qué hacen los demás: "Mira, están haciendo una torre. Ese está poniendo el bloque rojo." Cuando parezca listo, únete tú al juego unos minutos, para que tu hijo pueda acercarse junto a ti en vez de enfrentarse solo a un grupo. Luego retírate poco a poco.
Da el ejemplo con los saludos y ofrece frases sencillas. Los niños de dos y tres años copian lo que ven mucho más que lo que se les dice. Saluda a otros niños y a sus padres con calidez y a menudo. Ensaya en casa un par de frases cortas que tu hijo pueda usar: "Hola, ya llegué", "¿Puedo jugar?" y "Después me toca a mí." Elogia de forma concreta los gestos amables cuando los veas: "Le diste la cuchara a Ana cuando te la pidió. Qué amable." El elogio concreto le dice a un niño exactamente qué repetir.
Qué evitar
Obligar a compartir siempre. Si cada juguete que tu hijo agarra tiene que entregarse en cuanto otro niño lo quiere, aprende que tener algo no es seguro y que desear se castiga. Deja que termine su turno y luego lo pase. Sus juguetes favoritos de casa también se pueden guardar antes de que llegue una visita, para que lo que quede a la vista se comparta de verdad.
Las etiquetas. "Es tímido", dicho delante de él, se convierte pronto en un papel. "Es mandona" hace lo mismo. Describe lo que ves y lo que esperas: "Le gusta mirar primero" o "Pregúntale a Leo, no le ordenes."
Empujarlo a grupos grandes demasiado rápido. Un parque de bolas lleno o una fiesta de cumpleaños multitudinaria es el entorno más difícil posible para un niño que todavía está aprendiendo a manejarse con otro niño. Ve de uno, a dos, a un grupo pequeño.
Castigar con dureza los arrebatos. Un regaño brusco o un tiempo fuera por arrebatar un juguete le enseña que el momento fue aterrador, no qué hacer la próxima vez. Devuelve el juguete, dale las palabras y sigan adelante.
Compararlo con niños más extrovertidos. El niño que entra corriendo en cada sala no va más adelantado; simplemente es distinto. Compara a tu hijo con él mismo el mes pasado, no con el hijo del vecino.
Intervenir antes de que tenga una oportunidad. Si una disputa no se está volviendo física, cuenta hasta cinco antes de intervenir. Los niños a los que se les dan unos segundos a menudo lo resuelven, y esa es justo la habilidad que quieres que crezca.
Cuándo pedir ayuda
Habla con tu pediatra, la enfermera pediátrica o tu médico de familia si, hacia los tres años, tu hijo:
- muestra poco interés por otros niños o por ti, y no te busca para sentirse seguro ni comparte lo que le gusta señalándolo o mostrándotelo;
- no responde a su nombre ni hace contacto visual de la forma habitual en tu familia;
- no hace juegos simbólicos sencillos, como darle de comer a un muñeco o manejar un carrito de juguete;
- tiene muy pocas palabras, no junta dos palabras o casi siempre cuesta entenderle;
- pierde palabras o habilidades que tenía;
- sigue muy angustiado en la guardería o el grupo de juego, y ese malestar no disminuye tras varias semanas de una adaptación gradual y acompañada.
Ninguna de estas señales significa por sí sola que algo ande mal; tu médico puede decirte si conviene mirar más de cerca, y plantear una preocupación a tiempo nunca es un error.
Fuentes
- Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), "Aprenda los signos. Reaccione pronto.": "Indicadores importantes: su hijo de 2 años" e "Indicadores importantes: su hijo de 3 años"
- Academia Americana de Pediatría (AAP), HealthyChildren.org: "Social Development: 2 Year Olds" (Desarrollo social: niños de 2 años)
- Academia Americana de Pediatría (AAP), HealthyChildren.org: "Developmental Milestones: 3 to 4 Year Olds" (Hitos del desarrollo: de 3 a 4 años)
- NHS (Reino Unido), Start for Life: "Learning to talk: 2 to 3 years"