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Menos de 1 año

Calmar a un bebé que llora en el primer año: qué funciona y qué hacer cuando nada funciona

Si tu bebé llora durante ratos largos y no siempre sabes por qué, te pasa lo mismo que a casi todas las familias primerizas. El llanto es la principal forma de comunicarse de un bebé de menos de un año, y en los primeros meses hay mucho, a veces sin una causa que llegues a identificar nunca. Aquí tienes qué es normal, cómo leer sus señales, qué le calma y cómo cuidarte en los días más difíciles.

Por qué ocurre a esta edad

En los bebés sanos, el llanto sigue una curva previsible. Aumenta a partir de las dos semanas de vida, alcanza su pico entre las seis y las ocho semanas y después disminuye, normalmente de forma notable hacia los tres o cuatro meses. En el pico, muchos bebés lloran dos o tres horas al día en total, a menudo concentradas al final de la tarde y por la noche, a veces sin aviso y sin que nada de lo que intentas funcione. Este patrón aparece en todas las culturas y en bebés completamente sanos, y por eso se entiende como una etapa del desarrollo y no como señal de que algo va mal.

Las razones tienen que ver sobre todo con la inmadurez. El sistema nervioso de un recién nacido todavía está aprendiendo a filtrar sensaciones, así que el ruido, la luz, que le cojan y el cansancio normal pueden desbordarle. La digestión es un trabajo nuevo. La capacidad de calmarse después de alterarse es una habilidad que se desarrolla durante los primeros meses y depende de que alguien le calme. Cuando le meces, le sostienes y le haces "shhh", no solo detienes el llanto: le estás enseñando a su cuerpo cómo se siente la calma.

"Cólico" es la palabra que se usa cuando un bebé sano y bien alimentado llora intensamente tres horas o más al día, varios días a la semana, durante varias semanas. El cólico describe un patrón, no una enfermedad. No significa que tu bebé tenga un problema oculto ni que tú lo hayas provocado. Es el extremo de la curva normal y desaparece en los mismos plazos, normalmente hacia los tres o cuatro meses.

Qué ayuda

Repasa primero lo básico, siempre en el mismo orden. Una lista mental corta evita las dudas constantes. ¿Hambre (busca con la boca, se chupa los puños, se gira hacia tu pecho)? ¿Sueño (mirada perdida, movimientos bruscos, se frota los ojos, un quejido que va a más)? ¿Incomodidad (pañal mojado o sucio, demasiado calor o frío, una costura que aprieta, un pelo enrollado en un dedo del pie)? ¿Sobreestimulación (gira la cabeza, arquea la espalda, llora más fuerte en un sitio con jaleo)? La lista lleva dos minutos y muchas veces acaba con el llanto. Si nada encaja, también es útil saberlo: pasa a consolar en lugar de seguir buscando la causa.

Recrea el útero, capa a capa. Muchos bebés de menos de unos tres meses se calman si les envuelves bien, les sostienes de lado o boca abajo en tus brazos (nunca para dormir), con un "shhh" constante más o menos al volumen del llanto, un pequeño balanceo rítmico y algo para succionar. Por ejemplo, envuélvele firmemente con los brazos hacia abajo, sostenle boca abajo a lo largo de tu antebrazo, haz "shhh" cerca de su oído, balancéate desde las caderas y deja que succione tu dedo limpio o un chupete. Algunos bebés necesitan un solo elemento; otros, los cinco. Si le envuelves, deja de hacerlo en cuanto muestre cualquier señal de intentar darse la vuelta, algo que puede ocurrir incluso a los dos meses, y acuesta siempre boca arriba a un bebé envuelto.

Ofrece contacto piel con piel. Desnuda a tu bebé dejándole solo el pañal y ponle sobre tu pecho desnudo, bajo una manta o una camisa holgada. El calor, tu latido y tu olor estabilizan su respiración y su ritmo cardíaco como pocas cosas, y funciona igual de bien con el padre o con otra persona que le cuide. Veinte minutos así antes del rato habitual de llanto pueden acortarlo.

Cambia el entorno, no solo la técnica. Si lleva una hora en la misma habitación iluminada, cambia de sitio. Sal a la calle, baja la luz y cierra la puerta al ruido, abre la ducha para que suene el agua, o ponle en el portabebés y da una vuelta a la manzana. El movimiento y el cambio de escenario a menudo cortan una racha que mecerle en el sillón no lograba.

Dale tiempo a cada intento. Cambiar de técnica cada treinta segundos añade más estímulos. Elige una, mantenla de tres a cinco minutos y solo entonces prueba la siguiente. Un bebé que ha llorado mucho necesita un momento para que la ola pase, incluso cuando ya has dado con lo que funciona.

Cuando lo has probado todo

A veces nada funciona y un bebé sano sigue llorando. Este es el momento más importante para su seguridad, porque es cuando madres y padres agotados y cariñosos sienten que se les acaba la paciencia.

Siempre está bien dejar a tu bebé en un lugar seguro y alejarte. Acuéstale boca arriba en la cuna o el moisés, sin nada más dentro, y sal de la habitación. Cierra la puerta si lo necesitas. Prepárate una infusión, sal un momento fuera, llama a alguien, respira. Ve a verle cada diez o quince minutos. Unos minutos llorando solo en un lugar seguro no le harán daño; un adulto al límite sí puede hacérselo.

Nunca zarandees a un bebé. Ni una vez, ni un momento, ni para "hacerle reaccionar". Zarandearle provoca sangrado en el cerebro y puede matar o dejar una discapacidad permanente en segundos. La frustración por el llanto es el desencadenante más frecuente de esta lesión, y por eso existe la regla de alejarse. Díselo a todas las personas que cuidan de tu bebé, incluida tu pareja, los abuelos y quien le cuide cuando no estás: si sienten ese golpe de rabia, dejan al bebé y se alejan.

Tu propio estado también importa de formas más sutiles: los bebés notan la tensión en los brazos que les sostienen. Si tienes la mandíbula apretada y los hombros tensos, pásale el bebé a otra persona o déjale en la cuna, respira despacio diez veces y vuelve a cogerle cuando tu cuerpo se haya calmado.

Qué evitar

Suponer que todo llanto es hambre. En las primeras semanas, darle de comer suele ser la respuesta correcta, pero a un bebé saciado y demasiado cansado otra toma puede incomodarle más. Si comió bien hace menos de una hora, prueba primero con el sueño y la sobreestimulación.

Tomarte el llanto como un juicio sobre ti. El llanto prolongado de los primeros meses no se debe a la falta de experiencia, a cogerle "demasiado" en brazos ni a la falta de rutina. Las familias a las que les dicen lo contrario se esfuerzan cada vez más, y el estrés de todos aumenta.

Recurrir a remedios sin consejo médico. Gotas, preparados de hierbas, cambios de dieta y aparatos sin probar para el cólico se venden por todas partes y en su mayoría no han demostrado nada; algunos no son seguros. Pregunta a tu pediatra antes de darle a tu bebé cualquier cosa que no sea leche.

Ignorar tus propias señales de alarma. El bajo ánimo persistente, el miedo cuando se acerca la tarde, los pensamientos de hacerte daño o hacérselo al bebé, o la sensación de que no puedes seguir no son cansancio normal. Son motivos para hablar con un profesional ese mismo día.

Cuándo buscar ayuda

Contacta con tu pediatra, tu médico de familia o tu enfermera de pediatría si:

Llama a emergencias de inmediato si a tu bebé le cuesta respirar, tiene una convulsión o no reacciona. Si te preocupan tus propios sentimientos hacia tu bebé, o si alguien en casa ha zarandeado o hecho daño alguna vez a un niño por enfado, díselo ahora a un profesional sanitario. Pedir ayuda es señal de que lo estás afrontando, no de que estás fallando.

Fuentes

Esta guía es información general y no sustituye el consejo médico o psicológico. Si te preocupa tu hijo o hija, consulta con un profesional sanitario.