ParentAI
‹ Los 30 días

Día 16 de 30 · Semana 3 · Conducta y límites

Menos normas, pero más claras

7 min de lectura

Si apuntaras todas las normas que se espera que cumplan tus hijos, la lista ocuparía seguramente varias páginas. Los pies fuera del sofá, nada de móviles en la mesa, no se grita, sé amable con tu hermana, cuelga el abrigo, da las gracias, no interrumpas, no des portazos. La mayoría de estas normas nunca se dicen en voz alta: aparecen sobre la marcha, casi siempre después de que alguien las haya incumplido. Los niños no pueden seguir un reglamento que nunca han visto, y desconectan de uno que no para de crecer.

Por qué importa

Las normas funcionan cuando los niños pueden recordarlas, entenderlas y prever qué va a pasar. Con una lista larga, eso es difícil. Los más pequeños solo pueden retener unas pocas instrucciones a la vez, e incluso los adolescentes tienden a restar valor a las normas que parecen infinitas o arbitrarias. Una lista corta deja claro lo que de verdad importa, y eso hace que cada norma tenga más peso.

También importa cómo se formula una norma. "No corras" nombra justo la acción que quieres frenar y deja que el niño adivine la alternativa. "Dentro de casa se camina" le da una imagen clara de lo que sí tiene que hacer. Los programas de formación para familias, como los que desarrolló Alan Kazdin en la Universidad de Yale, se apoyan mucho en esta idea: decirles a los niños qué conducta quieres, ponerles fácil conseguirlo y fijarte cuando lo hacen. Las pautas de los CDC para familias con niños pequeños dicen lo mismo: recomiendan unas pocas normas claras y concretas, formuladas en positivo y aplicadas con constancia.

La constancia es donde la mayoría de las normas fracasan sin hacer ruido. Una norma que se aplica el lunes, se ignora el martes y se grita el miércoles enseña a los niños que la norma real es "fíjate en el humor de papá o mamá". Tener menos normas hace posible la constancia, porque es realista mantenerse firme en tres cosas. En treinta, no.

Pruébalo hoy

  1. Elige tus tres a cinco. Pregúntate qué conductas, si se dieran siempre, cambiarían más el día a día. Normalmente tienen que ver con la seguridad, el respeto a las personas y unos cuantos básicos de la casa. Todo lo demás pasa a ser una preferencia, no una norma.
  2. Reformula cada norma en positivo. "No se pega" se convierte en "Tratamos a los demás con manos suaves". "No dejes tus cosas por todas partes" pasa a ser "La mochila y los zapatos van junto a la puerta". "No se grita" se convierte en "En casa hablamos con voz tranquila". Las normas en positivo son más fáciles de imaginar y más fáciles de elogiar.
  3. Hazlas tan concretas que se puedan ver. "Sé respetuoso" significa cosas distintas para cada persona. "Llamamos antes de abrir una puerta cerrada" se puede observar, cumplir y reconocer.
  4. Cuenta con tus hijos. Los niños se implican mucho más en las normas que han ayudado a crear. Pregunta: "¿Qué haría que nuestra casa estuviera más tranquila?". Hasta un niño de cinco años puede proponer algo útil, y un adolescente colaborará más si su opinión ha cambiado la redacción.
  5. Ponlas a la vista y practicadlas. Escribe la lista en un sitio visible, con dibujos para los más pequeños. Ensayad cuando todos estéis tranquilos: "Enséñame cómo son unas manos suaves". Y luego fíjate cuando se cumplen: "Has dejado la mochila junto a la puerta sin que nadie te lo pidiera".
  6. Decide de antemano qué pasa cuando se incumple una norma. Que sea algo tranquilo y relacionado con la norma, y aplícalo igual cada vez. Las reacciones por sorpresa cuestan más de aceptar que las previsibles.

Cómo suena en la práctica

Es domingo por la tarde, y Lucía y su pareja, Andrés, han convocado una reunión familiar con unas pizzas a domicilio. El hijo de Lucía, Hugo, tiene diez años; la hija de Andrés, Carla, de seis, pasa con ellos casi todos los fines de semana. Desde que las dos familias viven juntas, las normas son un lío: en la antigua casa de Hugo había otras, y Carla no para de preguntar: "¿Eso aquí es una norma?".

"Queremos tener solo unas pocas normas, y queremos que nos ayudéis", dice Lucía. Andrés lee el borrador que han escrito en un folio: "Una: tratamos a los demás con manos y palabras amables. Dos: llamamos antes de entrar si la puerta está cerrada. Tres: durante la cena, las pantallas se quedan en la cesta". Hugo frunce el ceño. "¿Eso incluye vuestros móviles?". Andrés se ríe. "Tienes razón. Sí, los nuestros también". Carla quiere añadir "Todos elegimos la peli por turnos". La apuntan como norma cuatro. Hugo hace los dibujos para Carla, que todavía no sabe leer.

Dos semanas después, Carla sigue recordándole a Andrés cada noche que deje el móvil en la cesta, y Hugo llama antes de entrar en su cuarto. No todos los días salen bien, pero cuando algo se tuerce, todos saben cuál es la norma y la conversación es más corta. Una lista clara, acordada entre todos, consigue más que cualquier cantidad de sermones.

Por edades

Cuando cuesta

"Pero hay tantas cosas que necesito que hagan..." Las hay, y puedes seguir pidiéndolas. La diferencia está entre una norma, que aplicas siempre, y una petición o preferencia, que puedes pedir con amabilidad y dejar pasar alguna vez. Mantener corta la lista de normas hace más fuertes las que importan.

"Pusimos normas y a la semana nadie las cumplía." Las normas suelen perder fuerza porque se pierde la constancia al aplicarlas. Revisa si las aplicaste con calma cada vez, o solo cuando ya estabas enfadado. Elige una norma en la que centrarte durante una semana y fíjate en cada vez que se cumple.

"Mi expareja y yo tenemos normas distintas." Los niños pueden aprender que cada casa tiene sus normas, igual que pasa con el colegio y la casa. Lo que ayuda es tener claras las normas de tu propio hogar y no criticar la otra casa delante de los niños.

Errores frecuentes

En una frase

Unas pocas normas claras, formuladas como lo que hay que hacer y aplicadas con constancia, enseñan a los niños más que cualquier lista larga de cosas prohibidas.

Fuentes

Este artículo es información general y no sustituye el consejo médico o psicológico. Si te preocupa tu hijo o hija, consulta con un profesional.