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Día 24 de 30 · Semana 4 · Crecimiento e independencia

Tareas de casa que forman niños capaces

7 min de lectura

El niño de dos años que suplica ayudar a vaciar el lavavajillas se convierte, unos años después, en el de diez que no sabe ni dónde está el lavavajillas. En algún punto intermedio, casi todos hemos dicho "Acabo antes si lo hago yo" más veces de las que podemos contar. Y normalmente acabábamos antes, al menos ese día. Pero el precio llega más tarde, en forma de hijos que se sienten invitados en su propia casa y padres que se sienten personal de servicio sin sueldo.

Por qué importa

Los niños pequeños quieren ayudar. En un conocido estudio, Felix Warneken y Michael Tomasello observaron que niños de apenas 18 meses ayudaban espontáneamente a un adulto desconocido al que se le caía algo o que no podía abrir un armario, sin ninguna recompensa y sin que nadie se lo pidiera. La antropóloga Barbara Rogoff ha descrito cómo, en muchas comunidades del mundo, a los niños se les incluye en las tareas familiares desde pequeños y se suman con entusiasmo, aprendiendo al observar y participar en tareas reales junto a los adultos. En muchos otros hogares, al pequeño ayudante se le aparta con cariño hasta que, años después, de repente esperamos que muestre entusiasmo por unas tareas que siempre han sido cosa de otro.

Contribuir importa por algo más que tener la casa ordenada. Hacer un trabajo real, del que dependen los demás, les da a los niños pruebas de que son capaces y de que forman parte de algo. Un estudio de Elizabeth White y sus colegas, con datos de una amplia muestra nacional, encontró que los niños que hacían tareas domésticas en educación infantil mostraban una mayor sensación de competencia en tercero de primaria. Las tareas también ejercitan la planificación, seguir pasos y terminar lo que se empieza: el campo de entrenamiento cotidiano de las habilidades de autogestión que los niños necesitarán de adultos.

El enfoque importa. "Tareas" puede sonar a castigo o a transacción. "Contribuciones" dice algo distinto: todos vivimos aquí, así que todos lo cuidamos. A muchas familias les ayuda separar las contribuciones del día a día del dinero de bolsillo y pagar, si acaso, solo por trabajos extra más allá de lo básico.

Pruébalo hoy

  1. Dile que sí al ayudante, aunque vaya más lento. Cuando tu hijo de tres años quiera remover la masa del bizcocho, déjale. "Puedes cascar los huevos en este bol, y yo saco los trocitos de cáscara." El entusiasmo temprano es un tesoro; protégelo.
  2. Encárgale un trabajo real, no algo para tenerle entretenido. Los niños notan la diferencia. "Nadie come hasta que los tenedores están en la mesa, y los tenedores son cosa tuya" hace que la contribución importe.
  3. Enséñaselo por fases. Primero lo hacéis juntos, luego le miras mientras lo hace y después deja que lo haga solo. Enséñale una vez, con claridad, cómo quieres que se doblen las toallas, y luego da un paso atrás.
  4. Engánchalo a una rutina que ya exista. "Después de cenar, cada uno recoge su plato" funciona mejor que un cuadro de tareas sueltas. Cuando el trabajo va ligado a un momento que ya ocurre, hay menos que recordar y menos por lo que discutir.
  5. Acepta el "suficientemente bien". Toallas dobladas de aquella manera, cristales con marcas y colchas torcidas son el precio de la competencia. Si lo rehaces, tu hijo aprende que su esfuerzo no contaba.
  6. Dale las gracias nombrando el efecto. "Como has dado de comer al gato y has sacado el reciclaje, esta noche nos da tiempo a un cuento más largo." Así tu hijo sabe que su trabajo ha marcado una diferencia real en la familia.

Cómo suena en la práctica

Sergio y su mujer, Elena, decidieron que Marcos, de doce años, haría la cena todos los martes. La primera semana, Sergio se queda a su lado junto a los fogones. Hacen pasta con salsa de tomate. Marcos quema el ajo, y la cocina se llena de un olor intenso. "Se ha estropeado", se queja.

Sergio se encoge de hombros. "A todo el mundo se le quema el ajo alguna vez. ¿Qué crees que deberíamos hacer?" Marcos lo tira, limpia la sartén y vuelve a empezar, esta vez con el fuego más bajo. Sergio no le quita la cuchara. Solo le dice: "Fíjate en el color. Cuando esté doradito, echa el tomate". En la mesa, la hermana de Marcos, de nueve años, prueba un bocado y dice: "Pues está buenísimo". Elena añade: "Qué gusto no cocinar un martes. Gracias, chef".

Al cuarto martes, Sergio está sentado a la mesa con un té mientras Marcos cocina solo. Ahora Marcos pregunta qué podrían cenar la semana siguiente y ha empezado a buscar recetas. El trabajo es real, la familia depende de él, y Marcos puede ver el resultado de su propio esfuerzo en el plato de todos.

Por edades

Cuando cuesta

"Es muchísimo más rápido hacerlo yo." Hoy, sí. En un año, no. El tiempo que inviertes ahora en enseñarle se recupera con creces cuando tu hijo pueda hacer la tarea solo. Empieza con una y dale un mes.

"Mi hijo me pelea cada tarea." Dale algo de control: que elija entre dos tareas, o que decida en qué momento de la tarde la hace. Mantén un tono práctico, sin suplicar. "La ropa va al cesto antes de las pantallas", dicho con calma y constancia, funciona mejor que una discusión diaria.

"Ya tiene muchísimos deberes." Las contribuciones pueden ser pequeñas: con cinco o diez minutos al día basta. Una tarea corta y conocida puede ser incluso un respiro agradable entre los deberes.

Errores frecuentes

En una frase

Cada tarea real que le encargas a tu hijo le dice "aquí te necesitamos", y esa es la base de una confianza duradera.

Fuentes

Este artículo es información general y no sustituye el consejo médico o psicológico. Si te preocupa tu hijo o hija, consulta con un profesional.