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Día 27 de 30 · Semana 4 · Crecimiento e independencia

Leer juntos, a cualquier edad

7 min de lectura

Hacia los siete años, muchas familias dejan de leer en voz alta sin darse cuenta. El niño ya sabe leer, las tardes van llenas y parece una tarea que ya está cumplida. Antes de eso, algunos padres ni siquiera llegaron a empezar, porque el bebé mordía el libro o el niño de dos años quería el mismo cuento cuarenta noches seguidas. Y, sin embargo, leer juntos es uno de los pocos hábitos que ayuda a todas las edades, desde los primeros meses hasta los últimos años en casa, y solo pide un libro, unos minutos y tu voz.

Por qué importa

Cuando le lees a un niño pequeño, le das palabras que casi nunca oye en la conversación cotidiana. Los álbumes ilustrados contienen más vocabulario poco habitual y frases más complejas que la mayoría de las conversaciones en casa, y los niños lo absorben todo. La Academia Americana de Pediatría recomienda leer en voz alta desde la primera infancia, porque la lectura compartida favorece el lenguaje, la alfabetización temprana y la propia relación. Una investigación con neuroimagen dirigida por John Hutton encontró que los niños de preescolar de hogares con más lectura mostraban una mayor activación, mientras escuchaban un cuento, en las zonas del cerebro relacionadas con la comprensión del lenguaje y la formación de imágenes mentales.

Cómo lees importa tanto como la frecuencia. El psicólogo Grover Whitehurst y sus colegas desarrollaron un enfoque llamado lectura dialógica, en el que el adulto hace preguntas, escucha y construye a partir de las respuestas del niño, de modo que poco a poco el niño se convierte en el narrador. En sus primeros estudios, los niños pequeños cuyos padres leyeron así durante solo unas semanas iban meses por delante en lenguaje expresivo frente a los niños cuyos padres leyeron de la forma habitual. El libro se convierte en una conversación, no en una actuación.

Con niños mayores y adolescentes, los beneficios cambian de forma. Escuchar un libro por encima de su propio nivel de lectura amplía el vocabulario y la comprensión. Compartir una historia también os da un tercero seguro del que hablar: es más fácil comentar la traición, el duelo o el primer amor de un personaje que los propios.

Pruébalo hoy

  1. Elige diez minutos que ya existan. La hora de dormir es la clásica, pero el desayuno, el baño, una sala de espera o un viaje en coche también sirven. Un rato corto y habitual vale más que uno largo y ocasional.
  2. Deja que tu hijo elija el libro, una y otra vez. La repetición es la forma en que los niños pequeños dominan el lenguaje. Con los mayores, un cómic, la biografía de un deportista o una novela sobre videojuegos cuentan tanto como un clásico.
  3. Haz una pausa y una pregunta de verdad. "¿Qué crees que pasará ahora?" "¿Por qué crees que ha dicho eso?" Y luego espera más de lo que te resulta cómodo. En ese silencio es donde se piensa.
  4. Construye sobre lo que dice. Si tu hijo pequeño señala y dice "¡Perro!", añade un poco: "Sí, un perro grande y lleno de barro, saltando en el charco". Si tu hijo de diez años dice que el malo es tonto, pregúntale: "¿Tú qué habrías hecho en su lugar?".
  5. Para cuando todavía quiera más. Termina en un momento de intriga siempre que puedas. "Mañana lo descubrimos" convierte la lectura en algo que se espera con ganas, no en una tarea que hay que terminar.

Cómo suena en la práctica

Martina, de cuatro años, está sentada en el regazo de su abuela con un libro muy manoseado sobre un zorro que ha perdido su bufanda. La abuela Pilar lo habrá leído unas cien veces. Esta noche prueba algo nuevo: se para antes de la última palabra de cada página.

"Así que el zorro buscó debajo del puente su..." Espera. "¡Bufanda!", grita Martina. "Su bufanda", dice la abuela Pilar. "Y mira, ¿quién lleva algo rojo?" Martina estudia el dibujo, luego ahoga un grito y señala al tejón. "¡Se la ha quitado él!" "¿Cómo crees que se siente el zorro?" Martina frunce el ceño y tuerce la boca hacia abajo. "Enfadado. Muy enfadado." "Enfadado y un poco triste, quizá", dice Pilar. "¿Qué harías tú si alguien te quitara la bufanda?" Martina se lo piensa muy en serio un buen rato. "Se la pediría por favor. Y luego me enfadaría."

El libro es el mismo; la lectura es completamente distinta. Martina ya no es público. Está anticipando, describiendo sentimientos, relacionando la historia con su propia vida y practicando palabras nuevas en un ambiente cálido y sin prisas. Eso es, en pocas palabras, la lectura dialógica.

Por edades

Cuando cuesta

"Mi hijo no se está quieto para un libro." Muchos niños pequeños, sobre todo los muy activos, escuchan mientras se mueven. Deja que juegue con bloques en la alfombra mientras lees, representad la historia o elige libros con solapas y sonidos. La atención a las historias crece con la práctica, y un rato corto y feliz es mejor que uno largo y forzado.

"No leo bien, o no me siento seguro con el idioma." No necesitas leer a la perfección. Cuenta la historia a partir de los dibujos, lee en el idioma que mejor dominas o escuchad juntos un audiolibro y comentadlo después. Lo que más importa es la conversación y vuestra cercanía, no una actuación impecable.

"Mi adolescente piensa que esto es de bebés." Entonces cambia el formato, no el objetivo. Déjale en la cama un libro que creas que le puede gustar, lee en voz alta un artículo interesante durante el desayuno o pregúntale qué está leyendo y escucha la respuesta con atención. A muchos adolescentes les gusta compartir una trilogía o un audiolibro si se les presenta como una opción y no como una norma familiar.

Errores frecuentes

En una frase

Leer juntos, convertido en una conversación, construye lenguaje y cercanía a cualquier edad, y solo hace falta un libro y diez minutos.

Fuentes

Este artículo es información general y no sustituye el consejo médico o psicológico. Si te preocupa tu hijo o hija, consulta con un profesional.